Comprar el combustible más barato es solo una parte de la ecuación. La otra parte está en cómo conduces. Pequeños cambios en tus hábitos al volante pueden reducir el consumo entre un 10 y un 25%, lo que se traduce en decenas o incluso cientos de euros ahorrados cada año.
Un neumático con presión incorrecta aumenta la resistencia al rodamiento, lo que obliga al motor a trabajar más y consumir más combustible. Según estudios de la Comisión Europea, circular con los neumáticos desinflados un 0,5 bar por debajo de la presión recomendada aumenta el consumo en aproximadamente un 2-3%.
Comprueba la presión de los neumáticos al menos una vez al mes y antes de viajes largos. Puedes encontrar la presión recomendada en el manual del vehículo o en la pegatina que suele estar en el interior del marco de la puerta del conductor. Recuerda que la presión debe medirse con los neumáticos fríos para obtener una lectura precisa.
Acelerar y frenar constantemente es uno de los mayores enemigos de la eficiencia. Cada vez que aceleras, el motor consume combustible; cada vez que frenas, esa energía se disipa en calor. Si te anticipas al tráfico —levantando el pie del acelerador cuando ves que el semáforo de delante está en rojo, o dejando espacio suficiente al coche de delante en autopista— puedes llegar al mismo punto sin haber acelerado ni frenado bruscamente.
En carretera y autopista, mantener una velocidad constante es mucho más eficiente que ir variando entre 100 y 130 km/h. El consumo de un coche típico a 120 km/h puede ser un 20-25% mayor que a 100 km/h. Si no tienes prisa, circular a velocidades más moderadas y constantes es la forma más efectiva de reducir el gasto en combustible.
Cuando levantas el pie del acelerador en un coche moderno con inyección electrónica, el motor entra en modo de corte de combustible: literalmente deja de inyectar gasolina o gasoil mientras el motor frena el vehículo. Es decir, frenar con el motor es gratis en términos de combustible, mientras que frenar con el pedal convierte en calor la energía que habías pagado para acelerar.
La técnica es sencilla: cuando veas que necesitas reducir velocidad (semáforo, curva, ralentización del tráfico), quita el pie del acelerador con suficiente antelación y deja que el propio motor frene el coche. Solo usa el freno cuando sea estrictamente necesario. Esto es especialmente efectivo en bajadas y en conducción urbana con muchos semáforos.
El aire acondicionado puede aumentar el consumo de combustible entre un 5 y un 25%, dependiendo del vehículo y las condiciones exteriores. En ciudad, con arrancadas y paradas frecuentes, el impacto es mayor porque el compresor del aire acondicionado trabaja constantemente mientras el motor produce poca energía.
En días de calor moderado, considera abrir las ventanillas en lugar de encender el aire acondicionado, especialmente a velocidades por debajo de 80 km/h. A velocidades más altas, las ventanillas abiertas crean resistencia aerodinámica que puede consumir tanto como el propio aire acondicionado. Si usas el aire, configúralo a una temperatura razonable (24-25°C) en lugar de dejarlo al mínimo y así reducirás su impacto en el consumo.
Cada 100 kg adicionales en el vehículo aumentan el consumo aproximadamente entre un 0,5 y un 1% dependiendo del tipo de vehículo. Si llevas habitualmente en el maletero herramientas, bolsas de arena, equipaje de vacaciones o cualquier otro peso que no necesitas para cada trayecto, estás pagando combustible innecesariamente.
Revisa el maletero y elimina todo lo que no uses regularmente. Las barras de techo y los portabicicletas también añaden peso y, sobre todo, resistencia aerodinámica: una barra de techo vacía puede aumentar el consumo entre un 10 y un 15% a velocidades de autopista. Retírala cuando no la uses.
Conducir en una marcha corta con muchas revoluciones consume mucho más combustible que hacerlo en una marcha larga con pocas revoluciones. La regla general es subir de marcha cuando el motor ha alcanzado entre 2.000 y 2.500 rpm en gasolina o entre 1.500 y 2.000 rpm en diésel, sin esperar a que el motor "tire" más.
En ciudad, muchos conductores retrasan el cambio de marcha por hábito. Intenta subir de marcha antes de lo que normalmente lo harías: si el coche no protesta (no hay sacudidas ni el motor "cabecea"), estás en la marcha correcta. Conducir en quinta o sexta marcha a 50 km/h en ciudad puede ser posible en muchos vehículos modernos y reduce el consumo notablemente respecto a hacerlo en tercera o cuarta.
El tráfico denso y los atascos son devastadores para el consumo de combustible. Un coche parado con el motor en marcha consume entre 0,5 y 1 litro por hora sin avanzar nada. Si a eso le añades las aceleraciones y frenadas constantes del atasco, el consumo por kilómetro recorrido puede ser dos o tres veces mayor que en circulación fluida.
Usa aplicaciones de navegación con información de tráfico en tiempo real (Google Maps, Waze) para evitar los atascos más importantes. Siempre que sea posible, ajusta tu horario de salida para evitar las horas punta. Si tienes que parar más de 60-90 segundos (en un semáforo largo, en una barrera de peaje, etc.), considera apagar el motor: la gasolina que gastas en un arranque es menor que la que consumirías con el motor al ralentí durante ese tiempo.
Usar la gasolina o el gasoil correctos para tu motor no solo es importante para su durabilidad, sino también para su eficiencia. Un motor diseñado para gasolina 95 que usa gasolina 98 no obtendrá necesariamente más rendimiento: la gasolina 98 solo beneficia realmente a motores de alta compresión diseñados para ella.
Consulta el manual del vehículo para saber qué octanaje recomienda el fabricante. Si dice 95 mínimo, usar 98 solo te costará más sin aportar beneficios reales. Por el contrario, si tu motor requiere 98 y usas 95, pueden producirse autoigniciones que dañen el motor a largo plazo. En cuanto al diésel, evita los aditivos y gasoils premium a menos que el fabricante los recomiende específicamente.
Un filtro de aire sucio, bujías desgastadas o un filtro de combustible obstruido pueden aumentar el consumo significativamente. Un motor que no recibe suficiente aire limpio o que no quema el combustible correctamente tiene que trabajar más para producir la misma potencia, lo que se traduce en mayor consumo.
Sigue el plan de mantenimiento recomendado por el fabricante: cambios de aceite, filtro de aire, filtro de combustible y bujías en los intervalos indicados. Aunque tiene un coste inmediato, un vehículo bien mantenido consume menos, dura más y tiene menos averías costosas. También comprueba periódicamente que el sistema de escape no tiene fugas: una fuga de gases puede engañar a los sensores del motor y alterar la mezcla aire-combustible.
Este último truco es el más fácil de aplicar y uno de los que mayor impacto tiene en tu gasto mensual. La diferencia de precio entre la gasolinera más cara y la más barata en una misma ciudad puede superar los 15 céntimos por litro. En un depósito de 60 litros, eso son 9 euros de diferencia en cada repostaje.
Con GasoBarata.es puedes consultar en segundos cuál es la gasolinera más barata cerca de tu ubicación o en cualquier ciudad de España. Los precios se actualizan directamente desde el Ministerio de Industria cada vez que las gasolineras los notifican, así que siempre tienes la información más reciente. Combina este hábito de comparar precios con los otros nueve trucos de esta guía y tu ahorro en combustible será máximo.
Ya sabes cómo conducir mejor. Ahora encuentra la gasolinera más barata cerca de ti con GasoBarata.es. Datos del Ministerio de Industria, actualizados en tiempo real.
Ver mapa de gasolineras